Sobre la naturaleza felina
Cuando cierro la puerta detrás de mí para ir a trabajar, mi gata automáticamente queda destinada a estar por lo menos unas ocho horas en completa soledad. Siento un poco de pena por ella, me pregunto que hará todo el día consigo misma, pero luego recuerdo que los gatos son gatos, que después de jugar un rato van a corretear cosas que sólo ellos pueden ver, que se irán a meter a tu clóset a orinar un zapato (y no te darás cuenta de eso hasta que te lo quieras poner unos días después), que se comerán un botón, irán a adormir, despertarán, jugarán a perseguir su cola, mirarán por la ventana, probarán caminar por superficies arriesgadas, comerán, volverán a dormir, se despertarán y volverán a jugar, ahora, con los cordones de la cortina; verán una araña en la esquina del cuarto, la perseguirán, la atraparán con una patita, jugarán a pasarse la arañita medio muerta de una garrita a otra, y después de quitarle unas patas, por fin la matarán. Luego se le quedarán viendo un rato al cadáver y angustiados por sus actos, irán a la cocina.